amanece

A veces el despertar en una mañana es tan largo como un verano, o incluso peor.
Otras, tres años se pierden en los sueños de tres noches de invierno, o el número exacto de instantes con unos amigos es tan difícil de precisar como lo vivido entre tanto recordar.
Mil veces recorrer el mismo camino es un único viaje, aunque sólo recuerde el de ida... el de vuelta me sabe más.
Horas y horas se resumen en un minuto producto alfarero de la imaginación.
Era inmortal porque sabía que moriría. Sucedió y me convertí en un vulgar mortal (quiero creer que no en un mortal vulgar).
Tramando estratagemas para regresar, quizás porque me desperté justo antes y vi amanecer, decidí dormirme - aun a riesgo de soñar - hasta el momento de acudir a la hora de la comida, y así aligerar el paso de todas esas monótonas largas horas frenéticas.
El día que da la mano al de ayer. Frente al amanecer decido cada día volver a ser inmortal.

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